Una visión integral de Catalunya

Que Catalunya es un país de una riqueza paisajística singular, lo sabíamos, pero cuesta tomar conciencia hasta que no lo recorres de punta a punta. Después de tiempo de trabajo sobre mapas, probando tramos y recogiendo información de gente de la tierra, el pasado agosto le dedicamos una buena semana. El proyecto, que nació hace tres años, ha empezado a cobrar forma.
Se trata de un itinerario de más de 600 km que se inicia en el Valle de Arán y finaliza en las playas del Delta del Ebro. Esta línea recorre las comarcas de poniente, que suelen ser las más despobladas. Estas tienen un atractivo especial, tanto por su patrimonio como por su gente, además de permitir apreciar el paso coherente del alta montaña a la costa, proporcionándonos todos los matices y transiciones posibles. Es el reino (o república) del olivo, el regadío, la viña, el arroz; los paisajes abruptos, calcáreos y verticales, de la media montaña; la vida alrededor de una arteria fluvial única, como el Ebro. A la postre, una experiencia que desciende desde los 2.500 metros a los que se llega en el Pallars hasta la cota 0 de las playas del Parque Natural del Delta del Ebro.

Asfalto o montaña? Siempre he pensado que la mejor manera de apreciar el territorio es pedalearlo con la máxima proximidad y complicidad. Por eso, las pistas de tierra son contacto directo: nos  fundimos mientras avanzamos, a pesar de que en algunos puntos el asfalto (caminos rurales y carreteras secundarias) ha sido un recurso necesario para mantener la coherencia del trazado o bien porque no había otra alternativa. A pesar de que es de una ciclabilidad que roza el 100%, existen tres breves tramos no ciclables, pero que son claves para disfrutar de un descenso de 1.500 metros de desnivel en el Pallars Sobirà, para enlazar dos pueblos del Priorat y atravesar els Ports.
Por todo ello, está lejos de ser una propuesta de BTT, porque todo es pista (se trata de cicloturismo de tierra), sin secciones técnicas, y en gran parte del recorrido, por entorno rural.

Bicicleta. Por la filosofía propia de la actividad, la bicicleta que más encaja es una rígida y estable. En este sentido, la Gravel Le Nomade ha hecho su función: el cuadro está pensado para la travesía de larga distancia, donde la bicicleta tiene que debe de mantener la estabidad aún con carga. Le Nomade equipa ruedas de 29 (nuestro caso, 29×2.1), horquilla rígida, manillar caído para fuera de asfalto y frenos de disco. Resulta mucho más eficiente que una bicicleta de montaña, puesto que esta última, con manillar plano, sólo permite una única posición de conducción.

Equipaje. Siempre recomiendo utilizar material ligero y compacto. Esto nos obliga a prescindir de  algunas comodidades, pero sobreviviremos. En cualquier caso, es la manera de poder viajar eficiencientemente sobre este tipo de recorrido. No me imagino ver cómo saltan las alforjas, sinceramente, en un descenso donde puedes disfrutar a tope. El bikepacking, del cual podéis encontrar más información y material aquí, se basa en el aprovechamiento de los rincones de la bicicleta para repartir la carga. Un kit de bolsas Revelate nos permitió una buena distribución del material. No es cuestión de comprimirlo todo en una única bolsa, sino de distribuirlo correcta y compensadamente por las diferentes bolsas. Esto nos permitirá tenerlo todo a mano en cada momento.

Con el trabajo de campo realizado, compieza, ahora, la parte más pesada: pasar a limpio apuntes, redactar y editar el material para poderos presentar el proyecto terminado a la primavera. Os iremos informando.

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