Tu, també ets paisatge

Releo el excelente libro de Paul Fournel, Besoin de vélo. Me detengo en el capítulo “Paysages” (Paisajes). Navego de acá para allá. Fournel, escritor y ciclista, tiene la capacidad de condensar (y profundizar) en pocas líneas lo que muchos de nosotros hemos discutido extensamente a caballo de la bicicleta. La suya es una prosa de la experiencia, física, palpable, que devuelve el lector a sus orígenes, en el supuesto de que éste sea un ciclista con algunos años a sus espaldas. Remite a los tics y consideraciones absolutamente convencionales del gremio del pedal. Fournel (aquí reside su mérito) transforma la materia: como un alquimista, manipula estos detalles anodinos, los torna literatura mediante una escritura ágil, veloz, ligera, con ritmo y cadencia del mismo rodar de la bicicleta; y a su vez suficientemente lenta cómo para empaparse, a su paso, del mundo por el que transita.

Y el ciclista (aquí reside su mérito) participa del paisaje que lo rodea. “Al contrario de lo que sucede cuando circulo en coche, escribe Fournel, donde el paisaje se me hace presente como un espejismo, pero no está, en bicicleta me siento dentro de él.”

El ciclista se gana a pulso este paisaje: lo suda, lo lucha, se funde con él. Cada accidente, cada expresión orográfica, lo siente en sus piernas, en su corazón, que reacciona alterando la frecuencia de sus latidos. “Existe en la bicicleta una relación animal con el mundo: las montañas son para escalarlas, los valles para descenderlos […] Encontrarse dentro del paisaje, en su calor, su lluvia, su viento, es verlo con otros ojos; es impregnarse instintiva y profundamente.” La presencia discreta, silenciosa, casi imperceptible del ciclista lo modifica, aunque sea de manera efímera y pasajera. Porque el paisaje es dinámico, siempre cambiante, un proceso abierto en constante transformación. El paisaje, como el ciclista sensible al territorio que pisa, conforman un work in progress, donde las múltiples experiencias dejan su impronta. Y juntos construyen una relación simbiótica, en que cada cual se apropia del otro, lo hace suyo y a su vez lo transforma.

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